La fuerza de las formas
 
A mi entender, el conjunto de 33 esculturas antropomorfas y zoomorfas que Xavier Corberó ha plantado en la plaza central del Jardín Botánico de Cap Roig es la obra más rotunda, madura e imponente de las que ha realizado durante su larga vida artística.
 
Seguir la trayectoria de Xavier Corberó, escultor que ha realizado más de cien exposiciones, que tiene obra en más de 30 museos de todo el mundo y en los espacios públicos de Barcelona, Madrid, Washington, Palma de Mallorca, Dallas, Amsterdam, Londres, etc., supone seguir la evolución de un artista de vocación muy precoz, inseparable de la herencia de su abuelo y su padre, de los talleres de metalistería de nuestro país y del gusto por las técnicas y los oficios artesanos. Evidentemente, el taller de los Corberó no era un taller cualquiera, sino que era un lugar donde trabajaron a gusto Viladomat, Monjo, Marés y el propio Gargallo, uno de sus artistas más admirados y uno de los más decisivos en la escultura moderna.
 
Así, no debe extrañarnos que una vez dominado el repertorio técnico del oficio, aprendido en su casa y en la Escuela Massana, y después de pasar por el Londres efervescente de los años sesenta, Corberó iniciase una línea de investigación dominada por lo que él denomina la emoción y la capacidad de sorprender. Descubrió su talento Salvador Dalí en 1955, en la tercera Bienal Hispanoamericana de Barcelona, donde adquirió todas las obras que había expuesto; pero probablemente quien mejor intuyó la larga e intensa carrera que desarrollaría Corberó fue el crítico de arte Joan Cortés cuando, en una exposición de 1960 en la Galería Mirador, se refería a la "carga de enigmática belleza" que se hacía presente en su obra.
 
El Corberó diestro en los metales podía haberse convertido en un magnífico orfebre, un diseñador de objetos útiles o un escultor de piezas decorativas. Contrariamente, sin embargo, muy pronto optó por adentrarse en campos ignotos y experimentar con texturas abstractas para crear formas orgánicas, minimalismos geométricos o una particular caligrafía en el espacio que en los años sesenta llegaría a su quinta esencia con aquellas cajas o cubos magicistas que contraponían las superficies pulidas del acero a la calidez del bronce caligrafiado. Orgánicas también son aquellas placas de mármol depurado en las que inscribía cortes o grafismos elementales que la luz acababa de dibujar o contrastar. Transparencia, fragilidad, ingravidez, sensualidad, delicadeza, estos son los rasgos más característicos de este momento escultórico que se define con formas planas o ligeramente abombadas o redondeadas.
 
Esto no obstante, Corberó siempre ha manifestado una decidida vocación por la escultura pública, ya sea integrada en la arquitectura o formando parte de los paisajes urbanos. No en balde es el escultor contemporáneo que tiene más obra instalada en las calles de Barcelona, por no alargarnos citando la que ha plantado en las calles de otras ciudades del mundo. Y es que Corberó se siente un escultor esencialmente urbano. Su interés por la arquitectura y su vivencia de las ciudades han sido intensos. Por este motivo, entiende que hoy el objeto escultórico destinado a los espacios públicos debe cambiar de escala, debe ser capaz de dialogar con las dimensiones de la urbe moderna: calles, plazas, parques y jardines, rascacielos..., y a la vez es consciente de la intensidad física y psíquica que puede transmitir a través de la escultura.
 
Para mí, el año 1973 fue decisivo en su trayectoria, porque coincidieron dos acontecimientos que acabarían marcándole. Por una parte fue invitado a participar en la I Exposición de la Escultura en la Calle, promovida por Eduardo Westerdahl en Santa Cruz de Tenerife, y por otra, recibió el encargo de Bartomeu March de realizar una pieza de grandes dimensiones para su jardín de Cala Rajada, aunque hoy está instalada en el Palau March de Ciutat de Mallorca. Las dos obras que Corberó realizó para atender estos pedidos tienen en común una característica: la dimensión. Ejecución, emplazada en Tenerife, denuncia las condenas a muerte con las que acabó el proceso de Burgos mediante dos esferas suspendidas de una soga y Órgano del mar, en Mallorca, que representa una especie de rosario monumental sostenido por columnas, constituye una escultura que no debe ser solamente mirada sino también habitada. Fue el encuentro de una escultura de gran escala y su interés por trabajar a partir de las columnas o, mejor dicho, las piezas verticales con estrías pulidas o desbastadas, lo que le llevó a buscar su propia "columna sin fin", un elemento vertical de rotundidad corpórea que, gracias al basalto, puede interpretar a los personajes ya sean reales, ya imaginarios, que son justamente el eje de su escultura actual.
 
El paso de las esculturas orgánico-geométricas que definen los primeros años ochenta -y que culminaron en el conjunto que realizó en la plaza Sóller de Barcelona (1983)- a los tótems biomorfos posteriores se produce con la obra que integraba la exposición The catalan opening que presentó en la galería BlumHelman de Nueva York en 1988, y en la cual. a partir de grandes bloques de basalto que representaban las figuras del ajedrez, Corberó simbolizó la acción de este juego de mesa denominada "apertura catalana", creando una instalación que causó un gran impacto en el público y que llevó a Robert Hughes a escribir en Time que Corberó es uno "de los mejores escultores, más idiosincrásicos de Europa"
 
Es, por tanto, el basalto -la piedra frágil y resistente, más densa que el granito y más cristalina que el mármol- el que permite a Corberó transmitir toda la carga expresionista de su mundo imaginario.
 
No obstante, si observamos cada uno de los dieciséis personajes de su juego de ajedrez, veremos que, si bien ocasionalmente se exhiben formando un conjunto, las piezas aun pueden ser entendidas individualmente, como el gran monolito dedicado A Josep Tarradellas en la avenida de Josep Tarradellas de Barcelona o El viajero (1994) de la entrada del hotel Juan Carlos I, de la misma ciudad, o del aeropuerto del Prat de Llobregat.
 
Por este motivo tiene un gran interés este paso adelante que Corberó realiza con su instalación en Cap Roig, que no solamente es potente por la individualidad de las piezas -que pone de manifiesto la riqueza intrínseca del basalto con ninguna o mínimas intervenciones­ sino que también lo es por el sentido escenográfico de su disposición, por la fuerza pétrea del conjunto que alcanza una intensidad cercana a los moais de la Isla de Pascua o al monumento megalítico de Stonehenge. y es aquí donde yace el atractivo de esta propuesta de Corberó, que, hablando un lenguaje radicalmente contemporáneo, recupera la fuerza propia de los menhires, de los dólmenes Y de los crómlechs.
 
Buscando una referencia antropomórfica expresionista, irónica, desinhibida, que invite al espectador a imaginar, sugerir, evocar personas Y mundos imaginarios, Corberó deja que el basalto hable por sí mismo, aprovecha las rugosidades Y los accidentes propios de cada falla, conjuga los bloques que son, en primera instancia, objects trouvés pero que mediante mínimos toques simbólicos (cables deshilachados que simulan cabelleras, mármoles puntiagudos que pueden recordar una cresta u ojos de cristal) se transforman en seres cercanos al espectador, a lo que también ayuda la rica gesticulación de esta gran escena de personajes pétreos. Los bloques de roca volcánica per se podrían resultar inermes, desprovistos de vida, presos de su gravedad, pero Corberó con su trabajo de selección, manipulación Y construcción los dota de una vitalidad particular, de una morfología corporal muy expresiva.
 
Cabe remarcar también que el comportamiento que el espectador siente ante estas obras de Corberó nace de su escala, de la relación que se establece entre la dimensión humana y los grandes bloques de basalto, que invita a realizar una visita peripatética, en el sentido aristotélico de la palabra, es decir, a pasearse por ella analíticamente; y a entender que no estamos viendo una exposición de esculturas sino un conjunto escultórico pensado ad hoc, capaz de desafiar la magnificencia del entorno natural, geológico Y botánico.
 
En el Jardín Botánico de Cap Roig, Corberó nos ha demostrado, una vez más, que es un artista inclasificable, que sigue una evolución independiente, marcada no por un progreso buscado sino por el desarrollo de unas ideas, de unos retos, de unas provocaciones-­intelectuales y materiales- que atrapan al espectador contemporáneo.
 
Por tanto, no debe parecernos insólito que sus obras respiren un gran poso cultural, que comienza en la prehistoria, pasa por el renacimiento y se injerta con las vanguardias, y que, finalmente, sean la expresión de una manera de hacer enigmática y atractiva, la de Corberó.
 
Daníel Gíralt-Míracle
Parientes, amigos y conocidos
 
Desde la antigüedad egipcia las esculturas se han hecho de basalto. Pero nunca se ha considerado que fuera la materia prima de un escultor. Es demasiado intratable y duro.
 
Podría decirse que un escultor necesita cierta perversidad para trabajar con un material como el basalto. A Xavier Corberó no le ha faltado nunca esta cualidad. En el pasado, gran parte de su mejor obra ha sido realizada en mármol: piedras bellas, elegantes, casi preciosas que podían trabajarse con curvas sutiles y semitransparencias que evocaban lo mejor de su excepcionalmente refinada sensibilidad. Pero en los últimos años ha tendido cada vez más a trabajar con basalto. Toda la piedra proviene del mismo lugar: una cantera dramáticamente excavada con gubia cerca de Castellfollit de la Roca, en La Garrotxa, a 140 km al norte de Barcelona. Allí, con barrenas de acero al carbono, sierras con punta de diamante, falcas de hierro y dosis muy bien estudiadas de explosivos, Corberó y sus colaboradores van agrietando la cara de la cantera. Fragmentos enormes o pequeños trozos de basalto se esparcen por el suelo esperando para ser trasladados Y recogidos por una grúa de 20 toneladas. Es como la cueva de Polifemo en la Odisea, llena de los fragmentos que, a menudo al cabo de los años, sugerirán un tema a Corberó y serán unidos en algún cuerpo latente, o en más de uno.
 
El último esfuerzo de Corberó en la construcción de cuerpos ­que para mí es su obra maestra, la coronación de casi cincuenta años de esfuerzo escultórico- está realizado a una escala muy grande pero no inhumana. Es el grupo de 33 esculturas que se han instalado en el centro de la plaza del Castillo en Cap Roig, observando el mar azul y prehistórico. Están ahi para rendir homenaje a los sueños de una célebre expatriada inglesa, apasionada conservadora de la naturaleza, Dorothy Webster-Paggett, que vivió en esta parte de la costa desde 1927 a 1980 con su marido ruso, exilado del Ejército Blanco, Nikolas Woevodski. Ambos habían nacido en 1888.
 
El murió en 1975, ella en 1980, Y en sus testamentos esta zona de Cap Roig fue salvada del desarrollo al ser donada a Caixa de Girona.
 
El monumento que les dedica Corberó es un conjunto de figuras que parecen, por una parte, excesivamente primitivas y, por otra, muy sofisticadas.
 
Todas las figuras son humanas, excepto dos dragones. Se les podría considerar como los guardianes, equipados para proteger la costa. Están formados a partir de piedras "encontradas" en la cantera. Naturalmente, estas piedras "encontradas" han sido trabajadas; sus formas son el resultado de la acción humana, son los subproductos de barrenar, agrietar y a veces serrar con la enorme rueda de acero al carbono allí en la cantera; ninguna de ellas fue descubierta en estado natural. Pero habían estado allí en el suelo durante años, esperando -por así decirlo- a ser utilizadas; Y Corberó seguramente había mirado cada una de estas piedras decenas, si no centenares, de veces en los largos años de visitas a la cantera de Castellfollit antes de que por fin le coincidieran con una cabeza o un cuerpo en su mente. La mayoría de la gente, en un momento u otro, han mirado unas rocas y han visto rasgos humanos accidentales, como en una nube; la escultura de Corberó repite esta ilusión por asociación libre y la mantiene derecha. El basalto es deshuesado con agujeros, los rastros de las burbujas de gas atrapados en el magma cuando se fundió; estos se convertirán en labios, o en las órbitas o en las ventanas de la nariz. Hay algo de infantil en este tipo de juego perceptivo, pero también hay algo deliciosamente misterioso. No debe pensarse que son bromas hechas con piedra. Tienen el grado de grandiosidad y solemnidad de que carecen muchas de las obras escultóricas actuales; son auténticas "presencias" y requieren que se las aproxime con respeto, como al paisaje de su alrededor tan anguloso, tan primordial. Pero al mismo tiempo son divertidas, ya que el humor raramente está ausente en la obra de Corberó, como en la de Miró. No se puede evitar sentir que, en estas figuras, Corberó estaba utilizando un tropo modernista, y específica mente catalán, una poco antiguo: las rocas y las cuevas del mar del Cap de Creus, a lo largo de la costa desde Cap Roig. Estas cuevas Y rocas, fantásticamente formadas por las erosiones de las olas y el viento, tuvieron una enorme influencia en su amigo Salvador Dalí: la mente soñadora podía extraer de ellas todo tipo de imágenes fantásticas, fábulas visuales, desde langostas hasta caras humanas.
 
¿Por qué se han reunido en este paraje del Mediterráneo? Parece que hayan tenido algún tipo de propósito compartido y mutuo, pero es tan inescrutable como el propósito que hay tras las grandes cabezas sin cuerpo de la Isla de Pascua. Su agrupación no es la narración de un acontecimiento de la misma manera que lo es, por ejemplo, el grupo de Rodin de cuatro ciudadanos de Calais enfrentándose a su ejecución. Sin embargo, no son anónimos -al menos no desde el punto de vista de Corberó. Tienen nombres. De alguna manera, es una fiesta, una fiesta flamenca. La mayor parte de los invitados llevan los nombres de los artistas flamencos que Corberó conoce, o había conocido en algún momento: los cantantes La Paquera de Jerez y Calderas de Badajoz, e, indispensablemente, su eterno y querido amigo, probablemente el mayor exponente del flamenco aún con vida, Antonio Gades, con su cabeza de piedra profundamente hendida como si fuese una calavera. Otra vez, hay algo perverso en todo esto, ya que antes que nada, el flamenco es un arte móvil-móvil incluso en su gravedad- y los bailarines y cantantes que Corberó ha extraído de la cantera de Castellfollit lo son todo menos móviles: no sólo son inmensa mente pesados y precarios en su equilibrio vertical, sino que ni tan sólo tienen miembros -todo el movimiento que pueden realizar es inclinarse los unos sobre los otros, murmurando indistintamente entre ellos en su lenguaje de piedra. Pero esto no le quita nada de este extraño poder del grupo. Es más, lo aumenta.
 
La escultura más dramática, y a la vez la más cómica, de la familia de Corberó son sus dos dragones -el gran dragón y su esposa, o al menos su consorte. Los dragones tienen un importante papel en la mitología catalana. Encima del Portal de Sant Iu, en el lado izquierdo de la Catedral de Barcelona, puede verse grabada en la piedra del siglo XIV la batalla climática entre Guifré el Pilós, el autor legendario de la independencia política catalana, y un feroz dragón que aparentemente vivió en una guarida en Sant Llorenç del Munt, encima del valle del Llobregat -asociado, ni que sea de lejos, con el lugar de residencia de Corberó, Esplugues de Llobregat. La guarida ahora vacía todavía es conocida con el nombre de Cova del Drac y es visitada por los turistas. A Corberó siempre le ha gustado la idea de los dragones (de alguna manera oscura le parecen parientes lejanos) y las piedras de Castellfollit, con sus grandes dimensiones y sus formas sugerentemente grotescas, le parecieron ideales para hacer uno. Realizó dos, con segmentos de basalto: un macho y una hembra. El dragón macho se levanta sobre sus patas traseras en una actitud de desafio al mismo tiempo precaria y grandiosa. Parece muy viejo ­una impresión causada, uno se da cuenta, por el estado agrietado y desgastado del propio basalto. También parece algo más que un pobre necio, a pesar de su mole colosal, un efecto muy típico de Corberó que nace principalmente de sus alas de mármol blanco, o mejor dicho, aletas, unas simples formas triangulares que nunca podrían levantar en el aire un peso como este aunque aleteasen y se batiesen tan fuerte o tan deprisa como fuera posible. (Uno se los imagina batiéndolas muy rápidamente, como las menudas alas puntiagudas de un colibrí, un pensamiento incongruente). También lleva en la cabeza una luna creciente de mármol blanco, que no es solamente un objeto decorativo, sino una referencia más a la especial mitología de los dragones catalanes. Porque ¿cómo hizo esta gran lagartija para llegar hasta su guarida en el Llobregat? Como primer ejercicio de guerra biológica, la historia es la siguiente: retirándose de su asentamiento en Catalunya, o así lo explica la leyenda, un destacamento de guerreros árabes navegó por el Mediterráneo y capturaron a un joven dragón en algún lugar del Norte de África.
 
Navegar de vuelta, liberando a la pequeña bestia en la boca del Llobregat. Siendo un dragón moro, naturalmente sus cuernos tenían la forma de la media luna islámica.
 
La consorte del Senyor Drac, la hembra del dragón, no es tan alta. Lleva un extraño y retorcido peinado de alambre oxidado. Parece ­¿cómo decirlo?- un poco menos enérgica y ciertamente menos feroz. Si no sonase sospechosamente sexista, podría hablarse de su encanto femenino. Un pequeño agujero en forma de corazón ha sido realizado en su cuerpo como punto de entrada para una flecha de plata de Cupido, ya que está verdaderamente enamorada. Tiene un aspecto innegablemente amenazador. Pero también es divertida, porque parece talmente que está hecha de rocas y por tanto no se puede mover, ni para lanzar fuego a un caballero o entrar en galanterías con su pretendiente. Porque Corberó sería seguramente el último escultor que sugiriese que un dragón hembra no tiene derecho a hacer la corte a un macho, o a gozar de la propia expresión sexual.
Robert Hughes
 
 
 
 
Cronología
 
1935
Nace en Barcelona.
 
1936
Dice la primera palabra: "bomba"; Y la segunda y tercera: "siero" y "laprensa".
Muere su madre, Montserrat Olivella, a consecuencia de las complicaciones del parto de su hermano Pepitu.
Su padre está en el frente, del lado de los perdedores, a la vez que él y su tia pasan parte de la guerra en casa del Dr. Puigvert. Al final de la guerra vive en casa del Dr. Cata y familia, donde pasan el sarampión él y su hermano, que muere y es enterrado en Arenys de Mar.
Al acabar la guerra comienza su escolarización en las Dominicas de Horta, pasando por las Monjas Alemanas, el Instituto Técnico Eulalia y acabando el Bachillerato en La Salle Bonanova.
 
1950
Escuela Massana de Barcelona, de la que su padre es cofundador. Va a dibujar a la academia del pintor Tarrega Viladoms.
 
1953
Voluntario en el Ejército del Aire. No había aviones.
 
1954
Expone en la Primera Bienal Hispanoamericana en Barcelona, donde Dalí y el mecenas Arturo López se quedan toda su obra expuesta sin que él lo sepa, puesto que ya había partido hacia París, Estocolmo y finalmente Londres, donde asiste a la Central School of Arts and Crafts y comienza su vida profesional exponiendo en The Picadilly Gallery, en Cork Street, en el West End, dirigida por el Sr. Pylkyngton.
 
1958
Se casa en Londres con la actriz Mary Ann Bennett, madre de su hija Ana, que nace dos años más tarde en Barcelona.
 
1959
Expone en la Galerie du Capitol, en Lausana, Suiza.
 
1960
Galería Mirador, en Barcelona.
Se instala en primera casa de Esplugues del Llobregat, Cal Rei, en el Arrabal de Sant Mateu, antigua vía romana.
Conoce al que sería gran marchante y amigo Fernando Guereta Y también al pintor Manuel Viola, que había vivido como resistente en París y era miembro del grupo de poetas "La main a la plume" durante los años de la postguerra mundial y que era amigo de Max Jacob, Picasso, Max Ernst. Apollinaire, Óscar Domínguez, Soutin, Soulages, Hartung, etc., siendo así el único eslabón real y de primera mano entre generaciones.
Se interesa mucho por el flamenco y algunos de sus mejores amigos son gitanos del barrio de Gracia, como Moncho "el del bolero".
Con Antonio Gades establece una amistad fraternal y una gran complicidad a causa de su parecido fisico.
 
1962

Conoce al pintor y erudito Luis Marsans, que le habla de René Metras y de Marcel Duchamp, a quien frecuentará poco más tarde, sobre todo en Cadaqués y después en Nueva York, juntamente con el arquitecto Peter Harnden, Man Ray, Gordon Washburn, dírector del Carneggy Institute Gallery de Pitsburg, y el galerista neoyorquino de origen suizo George Staempfli.

 
1963
Expone en la Galería René Metras de Barcelona.
Conoce a Joan Ponç, con quien establece una profunda amistad.
 
1964
Expone en el Art Council de Miami.
Art Institute de Chicago.
Galería Semiha Huber de Zuric.
Galería Uno de Barbara Curteis Warren, en Cadaqués.
 
1966
Expone en la Galería Staempfli, en Nueva York, donde reencuentra a Salvador Dalí, con quien a partir de ese momento compartirá una profunda amistad. Tokio Gallery, en Tokio, donde coincide con Joan Miró, Pepito Llorens Artigues y Joanet Gardi Artigues.
 
1967
Expone en la Galería Grises de Bilbao.
Conoce y ayuda a Elsa Peretti, que se convertirá en la más importante y exitosa diseñadora de joyas de la segunda mitad del siglo XX.
 
1968
Lolas Velasco, en Madrid.
1969
Wünshe, en Bonn.
 
1970-73
Centrado en la reconstrucción de las casas y la construcción de talleres y espacios en Esplugues, colaborando con artistas, artesanos y diseñadores como Jaume Vallcorba, Oriol Tresserras, Jacint Todó, Robert Llimos, Cisco Fortuny, Nuria de Arana, Jorge Castillo, Elsa Peretti y muchos otros.
En esta época conoce a Bartomeu March, quien le encarga la gran escultura Órgano de Mar, hoy en el palacio March de Palma de Mallorca.
A partir de este momento, se ven a menudo tanto en Palma como en Nueva York, París, Bahamas o Esplugues. Él es quien le presenta al arquitecto paisajista Russell Page, maestro de maestros, de quien tiene el prívilegio de ser amigo y discipulo.
Ejecución es el nombre de seis esculturas en poliéster, fibra de vidrío y mica que realiza el mismo año para la ciudad de Tenerife. Conoce a Midu Rica.
 
1974
Galería Trece, dirígida por C. Aguilera, en Barcelona.
1975
Galería Joan Mas, en Madríd.
1976-77
Vive casi exclusivamente en Nueva York. Conoce a Joseph Helman, el coleccionista-marchante con quien ven a menudo a Claes Oldenburg, Richard Serra, Donald Sultan, Brian Hunt, Beverly Pepper, Vincent Desiderio, el arquitecto y vecino Kenneth Frampton, el critico de arte y escritor Robert Hughes (a quien conoce desde los años de Londres), etc. En sus conversaciones siempre le preguntaban: "¿Qué pasará en España cuando muera Franco?". Él siempre respondia: "Eso depende de ti y de mi". Siguiendo esta filosofía, y con la inteligente ayuda de Joe Helman y el entusiasmo de todos, se consiguió, durante la democracia lactante, reunir en la ciudad de Barcelona una espectacular colección de esculturas públicas de un nivel inalcanzable sin la generosidad de los artistas, que prácticamente las regalaron (y con la financiación de los gastos por parte del Ayuntamiento).
 
1978
Galería Joan Mas, en Madrid.
1979
Galeria René Metras, en Barcelona.
Se instala en el Soho de Nueva York, en el Singer Building.
1980
Galería Skira, en Madrid. Conoce a Marsha Levine, que juntamente con Pierre Levais son el alma de la Marlborough Gallery de Nueva York. Staempfli Gallery, en Nova York.
Meadows Museum, en DalIas. Presentada por el Dr. William B. Jordan. Durante esta exposición y por casualidad le descubren un cáncer en el pulmón derecho. Es operado inmediatamente y durante la convalecencia en Méjico realiza una exposición en Newman Marcus, Los Angeles, California
 
1982
Gilman Gallery, en Chicago.
1983
Homenatge a Ses Illes, grupo escultórico de mármol blanco de Almería, rosa de Portugal y ónix iraní. Plaça Sóller, Barcelona.
1984
Adams-Middelton, en DalIas. Galería Cadaqués, en Cadaqués.
1985
McNay Museum of Fine Arts, en San Antonio. Presentada por el muy reconocido historiador de arte William Jordan.
Trons Texas Sun Rise, escultura para Trans Texas Tower de DalIas, en mármol negro de Bélgica y basalto.
1986-87
Sala de Exposiciones del Banco de las Islas Canarias, en Barcelona. Espai B/N Galeria d'Art, en Granollers.
1987-88
Blum-Helman Gallery, en Nueva York. The Catalan Opening en basalto, hierro y bronce. Los bronces de las figuras de S.M. el Rey y S.M. la Reina son propiedad y están expuestos en el Metropolitan Museum de Nueva York. Los hierros los adquiríó Ware Travelsteat. Hotel de les Arts, Barcelona. Los basaltos originales los adquiríó Leopoldo Rodes para el Museu d'Art Contemporani de Barcelona (desde 1988 hasta ahora no se han visto nunca expuestos).
 
1988
Calumnas de Término. Tres columnas de mármol blanco para el Instituto de Estudios Norteamericanos, en la plaza Kennedy de Barcelona.
1990
Moan Rise. Mármol blanco de Almería. Wilmington, en Delaware. Galeria Alejandro Sales, en Barcelona.
Galería Pous, en Granollers.
1991
Galería Sant Lluc, en Olot.
Realiza los modelos para todas las medallas de los Juegos Olimpicos del 92 en Barcelona.
Familia Congosto Grupo de cinco esculturas en basalto. Granollers. Arquitecto, Mateu Aragay.
Squires and judge, grupo escultórico de basalto pulido y grafito. 77 West Wacker Drive, Chicago. Arquitecto, R. Bofill.
1992-93
Galería Francesc Machado, en Girona.
Galería Alejandro Sales, en Barcelona.
L'Ou com Vola, homenaje a Joan Manuel Serrat, en mármol rosa, granito y bronce. Proyecto urbano de Bet Galí. Sants, Barcelona.
El Viatger, para Barcelona Project, S.A., en bronce, basalto y hierro fundido. El basalto se encuentra delante del Palacio de Congresos, del arquitecto Carlos Ferrater. El bronce, en el Aeropuerto de Barcelona (exterior del puente aéreo). El hierro, en el interior del Hotel Rey Juan Carlos I, donde también se encuentra la escultura Samurai, homenaje al gran escultor y amigo Masayuki Nagare.
 
1994
Blum-Helman, 57th Street, en Nueva York. Buttanhales and Button. Expone en el Centro Cultural Tecla Sala, en ~Hospitalet de Llobregat, con la dirección de María Lluissa Borrás y diseño del montaje de Bet Galí.
1995
La Familia Berenar, grupo de seis esculturas en hierro fundido a la cera perdida. Arquitecto, Esteve Borrel, de Girona.
1998-99
Pedro sobre Pedro, en el Paseo Tarradellas de Barcelona. Escultura en mármol blanco de Almería y basalto, de 25x1x1 m. Arquitecto, Ignasi de Lecea. Ingeniero, Agusti Obiol. Empresa, SAPIC.
1999
The Boak Family, grupo de cuatro esculturas, en mármol negro de Bélgica, blanco de Almería, rosa portugués y piedra de Sant Vicenç, en la Public Library de DalIas, Texas.
2001
Blue Note, para el Meadows Museum de Dallas, Texas.
2002
La Paseante, escultura en basalto. Parque Logístico de Barcelona Consorcio de la Zona Franca.
La Familia Vapor, grupo de cinco esculturas en basalto, en Terrassa. Arqu itecto, F. Bacardit.
2003
Remodelación de Can Tintorer, Esplugues de Llobregat. Arquitecto, Joan Manano. Familia Llobregat, grupo de cinco esculturas en basalto.